martes, 1 de abril de 2014

Gastón Nakazato, Naciente: sobre lo conceptual, el aura y el silencio que precede al mundo

Gastón Nakazato en el  25º Musicanto (Santa Rosa - RS - 2011)
Foto: Café Azar
Antes era un silencio interrumpido un instante por el crujir del vinilo y ahí sí, sonaba el acorde o el sonido que habilitaba un nuevo viaje. Discos de Dylan, Spinetta, Zappa o Nebbia que ponía en la bandeja, casi como un ritual, para – en plena concentración – escuchar ese silencio, ese crujido que anticipaba la manifestación sagrada de la música. Sé que los tiempos cambiaron y los soportes se modificaron, sin embargo, un deja vù reconocible y placentero se apoderó de mí antes de hacer sonar en mi reproductor digital el nuevo disco de Gastón Nakazato: Naciente (2014). En tiempo de canciones que aparecen como autónomas unidades de sentido, hablar de disco es raro y de un universo conceptual más aún. Sin embargo Gastón volvió a recuperar la idea de una obra, de un concepto, que se expresa en un disco.
Cuando intento definir lo conceptual no me estoy refiriendo sólo a obras como Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (The Beatles 1967), Tommy (The Who, 1969), Cantata de Santa María de Iquique (Quilapayún, 1970) sino a algunas ideas que atraviesan – en este caso – una serie de canciones tanto en su poética como en su composición musical. A partir del concepto que se prefiera desarrollar el autor organiza, elige, edita, enciende u obscurece la escena. Ese trabajo es el que uno puede percibir en Naciente. Si bien Gastón Nakazato ya había dado muestras consolidadas en sus discos anteriores (me suena increíblemente familiar y extraño decir la palabra disco) es aquí donde sus modos de interpretar – y contar - el mundo se despliegan iluminados y muy bien definidos.
Naciente es aquello que ilumina las ausencias, lo que nace después de las partidas, lo que está, quienes están con nosotros después de haber partido: “Amo el cosmos hondo en que te vas / Como un reloj del resto de mis días. / Cada instante / Lapso de tu amor / Eleva al fin / Cruces y despedidas.” (Despertar). Así, la voz y la guitarra abriendo el disco, la obra, el sentido y una estética. Después, la banda con todo su poderío y la voz desgarrada (sentida y dolorosamente bella): “Y nosotros / Sumidos en auroras / Cantándole a los días que llueven nuestros pasos / Sembrando de caricias y abrazos matinales / Más cerca del principio que el tiempo más lejano. / Siempre…” (Siempre). Sabio recorrido que mixtura el misterioso lenguaje de la canción con las inefables resonancias que el aura poética da a las palabras. Ensayo conceptual, sabiduría iluminada desplegada en lo mejor del espíritu pop que fue fundante de gran parte de la música de estos tiempos. Acá, en el presente, en el sentir, el ser encuentra su libertad: “El tiempo es algo intenso, la vida es un lugar.” (Lucero). Esa intensidad – desbordante y urgente – suena ahí donde un acorde deja flotando alguna intrigante, conmovedora y movilizadora afinación como en el potente groove de la banda que hace estallar – con guitarras distorsionadas, potentes bajos, teclados inspirados y contundentes baterías - en pedazos de colores ácidos lo que las crudas canciones piden. Así la banda de Gastón suena como un kaiju divino, demoledor, bello y creativo.
No hay tiempo, parece decir Gastón. Las canciones de Naciente hacen que la pérdida o la ausencia muten en deseo: “Llénate de luna que de pronto el mar estallará en cemento. / Llévate caricias de este cielo que tan sólo esparce flores. / Vuélvete al sol naciente.” (Naciente); en denuncia y testimonio: “Y este vidrio que así / Se transmuta en papel / Ya sin pétalos va / Se ha rendido / Ser rendido. {Rastros de sed (Flores que quizá)}; en intuición y vigilia: “Atisbo en el canto del viento / Envuelto en la suerte / Presiento el amor. / Que es pena de espuma y alivio de alturas / Descansa en tu madre / Sutil ser soñador.” (Atisbo);   en placer que cura las heridas y transforma los obstáculos – como en el viejo proverbio oriental - en oportunidades: “En el nombre del destino / Besan estas bocas. / De las rocas del camino / Brotan ésas rosas. / Palabras hermosas / Dulces bocas rojas / Beben de este ser.” (Verdemiel). Más allá de la ausencia hay un lugar – un tiempo – en donde volvemos a estar: “Detrás de toda línea hay otro andar / Sendero de dos brújulas distantes / Donde las primaveras se vuelven a encontrar.”  (Donde las primaveras) y hubo quien dejo palabras y armonías como un dios a quien reverenciar en su presencia y recordar en su ausencia:”Cada pulso eterno es una estrella. / Largo amar / Fin canción / Aladín del verdor / Tu legado amor es siempre nuestro ahora.” (Aladín)
Recorrer Naciente es – como sucede con las grandes obras – sumergirse en capas y capas de sentido, sensaciones y paisajes. Eso que hace que nos  volvamos una y otra vez a descubrir cosas nuevas, otros caminos, otros sonidos. Cómo en los cuentos y las novelas que no olvidamos y revisitamos cada tanto, cómo en esas películas que te partieron la cabeza, una vez que nos sumergimos en Naciente algo cambió en nosotros. De eso, supongo, trata el arte.
De ahí, esa presencia lejana que se hace presente, el aura que hace vibrar el mundo y que uno presiente (sensible y emocionado) segundos antes de que suene el primer acorde.

Café Azar
Posadas, marzo de 2014. -

Aquí va un excelente documental del backstage de la grabación de Naciente realizado por Belén Bianco



Ficha técnica:
Despertar: Gastón (voz, guitarra acústica); Fernando Solís (batería); Diego Bergara (bajo); Fernando Quintana (guitarras eléctricas); Leandro Yahni (teclados); Fernando Bruno (percusión).    
Siempre: Gastón (voces, guitarra acústica); Fernando Solís (batería); Diego Bergara (bajo); Fernando Quintana (guitarras eléctricas); Leandro Yahni (teclados); Fernando Bruno (percusión);  Juan Pablo Di Leone (flautas).
Naciente: Gastón (voz, guitarra acústica); Fernando Solís (batería); Diego Bergara (bajo); Fernando Quintana (guitarras eléctricas); Leandro Yahni (teclados); Fernando Bruno (percusión).
Aladín (Sencillo deseo): Gastón (voces, guitarra acústica); Fernando Solís (batería); Diego Bergara (bajo); Fernando Quintana (guitarras eléctricas); Leandro Yahni (teclados); Fernando Bruno (percusión).
Verdemiel: Gastón (voces, guitarra acústica); Litto Nebbia (voces); Fernando Solís (batería); Diego Bergara (bajo); Fernando Quintana (guitarras eléctricas); Leandro Yahni (teclados); Fernando Bruno (percusión).
Atisbo: Gastón (voz, guitarra de nylon); Mariana Baraj (voz); Diego Bergara (bajo); Fernando Bruno (percusión); Andrés Beeuwsaert (teclados); Juan Pablo Di Leone (flautas); Herman Ringer (viola y violines + arreglo de cuerdas). Michico Nishikiori de Ogawa (traducción de texto y voz en off).
Donde las primaveras: Gastón (voz, guitarra acústica); Fernando Solís (batería); Diego Bergara (bajo); Fernando Quintana (guitarras eléctricas); Agustín ‘Chungo’ Roy  (teclados); Ayelén Zucker (voces); Fernando Bruno (percusión).
Fusión de soles: Gastón (voz, guitarra acústica); Fernando Solís (batería); Diego Bergara (bajo); Fernando Quintana (guitarras eléctricas); Fernando Bruno (percusión).
Rostros de sed (Flores que quizá): Gastón (voces, guitarra acústica); Fernando Solís (batería); Diego Bergara (bajo); Fernando Quintana (guitarras eléctricas); Leandro Yahni (teclados); Agustín ‘Chungo’ Roy (teclados); Fernando Bruno (percusión).
Lucero: Gastón (voz, guitarra acústica); Fernando Solís (batería); Diego Bergara (bajo); Fernando Quintana (guitarras eléctricas); Leandro Yahni (teclados). Fernando Bruno (percusión).
Vamos: Gastón (voces y percusión corporal); Mario Sobrino (percusión).

Éste material contiene fragmentos de: "Pájaros" una sección de la ópera imaginaria "La selva interior" del músico y compositor Marcelo Toledo. La grabación en vivo fue realizada en el festival Ultraschall de Berlín (2010). Intérpretes: Kammerensemble Neue Musik de Berlín y Neue Vocalsolisten de Stuttgart.

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